
Foto por Hassaan Here
| Este es mi último post antes de mis vacaciones de verano, unos días de regeneración de la energía que me vendrá muy bien. Serán, de hecho, días obligatorios de descanso y de llenar los días de lo que me energiza, para volver con mi mejor energía e ilusión por el trabajo que hago en esta mentoría. Y, justamente, te quiero contar de planificación, de ciclos, y de estaciones. Una de las necesidades que más escucho de las personas que se acercan a la órbita de la mentoría es “soy un caos, y me falta disciplina: necesito estructurarme”. Lo de la estructura es totalmente cierto. Lo de la disciplina, no tanto. Como estudiante de grado, o máster, y trabajadora independiente, también viví esa sensación de caos, de vivir el tiempo como una nebulosa, de no saber del todo qué tocaba, cuándo, y cuánto tiempo podía dedicarle a proyectos o tareas en concreto… Yo, oh si!, también necesité esas estructuras, porque mi estilo de trabajo (cumplir deadlines en el corto plazo) dejó de funcionarme una vez el proyecto que tenía entre manos se volvió más largo y complejo, es decir, durante el doctorado. Tengo el recuerdo de que, durante mis estudios en el grado y el máster, que combiné durante mucho tiempo con trabajos como asistente de investigación, mis horas más productivas eran por las noches, cuando todo el mundo dormía. Eso, sí, avanzaba ultra lento, porque obviamente estaba cansada, pero aún así conseguía avanzar hasta cumplir con entregas puntuales. De alguna manera esto me funcionaba para concentrarme y gestionar la ansiedad que esa producción me suponía. Pero los beneficios eran pocos. Aparte de tardar el doble, acababa rendida el resto de la semana. Tal vez hayas experimentado esto de ser la única luz encendida en tu calle… Y en efecto, no, no es un sistema sostenible. Tampoco lo es la versión mañanera de lo mismo: levantarse antes que todo el mundo. En los dos casos te estás comiendo una parte de lo más básico para la supervivencia, a parte de hidratarse y nutrirse: dormir. El trabajo más importante para quienes nos dedicamos a la investigación es leer, pensar, recolectar material para analizar, garabatear, escribir, editar texto. En definitiva, el trabajo artesanal y creativo. Y esto es significativo porque nos permite tener una vida que vaya más allá de apagar fuegos, o cumplirle las expectativas a otras personas constantemente. Pero lo que suele pasar es que tenemos mil cosas pasando al tiempo, todas parecen importantes (aunque no todas lo sean y lo parezcan solo por ser urgentes), y vivimos reaccionando a las demandas externas a nuestro tiempo, energía, y atención. Con el paso del tiempo, puede que ya no sepamos cómo sacar ese tiempo de calidad para el proyecto que más nos importa (o el más nuestro), y para el trabajo más creativo, y dedicarle nuestra mejor energía, concentrándonos en tareas concretas, y claramente definidas. Y lo más triste es que a veces tiramos la toalla pensando en que sacar ese tiempo no es una posibilidad para nosotr+s, sino un privilegio que no nos podemos permitir. Este es el punto de partida de muchas personas que llegan a la mentoría. Y para encontrar la solución nos centramos en la gestión de proyecto (aclaración de qué proyectos tenemos entre manos y cuáles están conectados con lo que es importante, qué aspiraciones/objetivos de trabajo tenemos, y el camino paso a paso para llegar a ellos), y también vamos incorporando herramientas de gestión del tiempo y de la energía. |
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| Y para hacer gestión de tiempos y de energías, necesitamos dos elementos importantísimos: una estructura que separe descanso y trabajo, y rituales de desconexión, y de reconexión. La estructura separa el tiempo de trabajo y de descanso, delimitándolos y protegiéndolos. Te comparto abajo del todo un video que hice en época pandémica sobre cómo poner límites al tiempo de trabajo diario. Pero esta estructura también debería ayudarte a proteger los tiempos de vacaciones, que es lo que espero que venga para ti si estás en el calendario académico Sept-Julio. Esta estructura es súper importante para regenerar la energía necesaria para lo más demandante que hay: crear algo que no existe aún, que es el caso de una investigación, y de la escritura que la acompaña. Para elegir mejor los tiempos de trabajo para lo más difícil, vale la pena saber cuándo solemos ser capaces de nuestro mejor trabajo, es decir, cuándo somos efectiv+s, creativ+s, y nos podemos concentrar. A esta la llamo la hora del flow, y si no conoces la tuya, te dejo la guia para que la puedas descubrir, la puedes descargar abajo del todo. Y los rituales son secuencias de acciones que nos sirven para marcar el comienzo, y también, el final de un momento de trabajo creativo (rituales de conexión y desconexión, que llamo). Puede ser algo así como comenzar una sesión de trabajo sentándote en un escritorio ordenado, haciendo una visualización de unos 10 minutos (te comparto la mía de hace unos años aquí abajo), abriendo tu bullet planner para recordar tus objetivos (te dejo un video abajo con lo que es), encendiendo una vela. Y al irte, por ejemplo, escribir lo que hiciste, cuáles serán tus siguientes pasos, apagar la vela, irte del espacio. También hay rituales para desconexiones más largas. Seguramente has comprobado que también cambia a lo largo del año tu disponibilidad de tiempo y de energía para ese trabajo más difícil, y también más importante. El tiempo para la creación no es lo mismo durante todo el año, todas las semanas, o todos los días, sino que es estacional, y cíclico. Estacional, porque como las estaciones, no todos los meses podemos poner como prioridad nuestra investigación y escritura. Y es cíclico, porque nuestra capacidad para investigar y escribir, y la intensidad de la productividad que podemos lograr cambian a lo largo del día, o de la semana, o incluso del momento del año. Y esa capacidad se regenera con el descanso, el disfrute ocioso, también, diario, semanal, y anual. Y es por esto que aquí entra otra idea interesante, que es la de la previsión, y la flexibilidad. Las estructuras y los rituales buscan que tengamos un marco claro de trabajo, son brújulas para ubicarnos en el tiempo, y en el espacio también. La idea, es que de forma estable sepas cuándo trabajas, en qué, y cuándo descansas. Y qué harás para volver a conectar con el trabajo, es decir, qué secuencia de acciones ritual te sirve de forma personal para preparar tu cuerpo/cerebro/emociones a conectarse y concentrarse en ese trabajo artesanal y creativo, sin tener que tomar mil decisiones cada vez. Podemos encontrar nuestros ritmos de trabajo y de descanso, y nuestros rituales, y podemos también pensar que una vez los tienes, es cuestión de “disciplina”. Pero… luego la vida pasa, y viene una nueva estación que cambia todo lo que creíamos estable. Estas son las estaciones en el trabajo creativo/académico. A veces, esos cambios de ritmo y prioridades son previsibles: por ejemplo, yo sé que como profesora, cada mes debo sacar 3 días para corregir unos 50 trabajos. Y hay otros menos previsibles: una emergencia familiar, un viaje imprevisto. Y de repente, lo que más importante era para nosotras queda relegado a la última posición. Ves cómo la disciplina, que en momentos más estables, te puede apoyar en tu avance, cuando el contexto cambia, se convierte en una fuente de malestar? Cuando las fichas se mueven, vale la pena probar el ser flexibles. La flexibilidad no es una falta de voluntad, es sabiduría para no rompernos o entrar en un loop de vergüenza por “no poder con todo”. En vez de culparnos por tener poca disciplina, o ser caóticas, porque lo que primero salta por los aires es el tiempo de lectura, y escritura, podemos prepararnos para los ciclos, y para las estaciones del hacer, y tener herramientas para navegar esos cambios. Los calendarios como brújula y no como una prescripción de lo que tiene que pasar a rajatabla, incorpora esto de la estructura y los ciclos, incluso los rituales de comienzo y cierre de un día: 1) El calendario ideal: Una herramienta para ubicarte a nivel de la semana, o el mes, en cuanto a tiempos de trabajo y de descanso (importante incluso para la época de vacaciones largas, que es cuando much+s investigador+s esperan poder por fin escribir), y que tenga en cuenta los proyectos que son prioritarios en esa semana o mes, aceptando que hay otros que se bajan de intensidad, o deben pasar a otro momento del año. Cada vez que haya un cambio de fase o prioridades, te recomiendo hacer uno diferente. También puedes incluir tus rituales de comienzo y cierre del día. Te dejo abajo un video explicando qué es. 3) El calendario anual de proyectos: Esto te permitirá prever momentos en el año cuando no suelas tener picos previsibles de trabajo, y dedicar más tiempo a tus trabajos artesanal y creativo: la lectura, y la escritura. Esto lo enseño en mi curso de planificación de inicio de año para investigador+s. Este tema me importa porque creo que nos vendría muy bien integrar esos cambios de fase como parte normal de nuestras vidas, y aceptar que lo único que podemos hacer es adaptarnos a ellos, permitir que ocurran, y tener un plan para la reconexión cuando ésta sea posible. El ideal de sostener la misma capacidad de producir durante todo el día, toda la semana, o todo el año, no es posible para adult+s funcionales que se responsabilizan por su trabajo (por ejemplo como docentes), o adultos funcionales que se cuidan a sí mism+s y a otras personas. Es como muy propio del individualismo neoliberal poner en la persona toda la responsabilidad sobre la tensión entre expectativas externas a la producción, y nuestras posibilidades reales, o los ritmos reales de la investigación y de la creación. Te dejo abajo los recursos que te prometí: |
