
Foto de Si Ying
[Esta es una re-edición de un post que escribí en Junio de 2020. Estoy recuperando las entradas que incluyen herramientas concretas de trabajo, para que las puedas aprovechar.]
Uno de los focos de este blog y de mi acompañamiento en general es la reflexión, la toma de perspectiva para entender lo que estamos haciendo, lo que nos mueve en la vida, qué hacemos y qué no hacemos, y por qué.
En cambio de aproximarnos a esto desde el perfeccionismo que muchísimas veces nos impide realizarnos, podemos aproximarnos a esto desde la curiosidad. Con la misma curiosidad con la que leemos, estudiamos, escuchamos, miramos, tomamos notas para nuestras investigaciones, podemos investigarnos a nosotr+s mism+s. Girar la lupa hacia dentro.
¿Para qué la auto-reflexión?
Por un lado, nos permite entender qué está pasando y qué estamos haciendo cuando logramos fluir, disfrutar y avanzar en los momentos en los que nos estamos dedicando a nuestro proyecto. Lo que funciona.
Por otro lado, la auto-reflexión nos permite entender cuáles son los obstáculos que en cambio nos paralizan y desorientan, y las cosas que hacemos que definitivamente no nos funcionan.
Desmitificamos, pasamos de lo abstracto a lo concreto, y aportamos claridad. Y en concreto sobre qué? Sobre lo que funciona y lo que no funciona, pero también a hacer una diferencia muy importante en este trabajo que tenemos como investigador+s, tan exigente. Es la diferencia entre nuestras creencias limitantes (“no soy buen+ para esto, y nunca lo seré”), y la necesidad de aprender nuevas habilidades, comenzando por detectar cuáles son estas habilidades (“necesito aprender a X, para conseguir Y”).
Nos abrimos un camino de posibilidades, al ser conscientes de cuáles son nuestras creencias limitantes, y el contenido concreto de nuestra falta de auto-confianza y de lo que nos hace dudar, y a diferenciarlo de las habilidades que todavía tenemos que aprender para superar los retos que se nos vienen con el trabajo de investigación, escritura, y en suma, de creación.
Nuestras creencias limitantes (nadie se salva de esta, debo decir) nos pueden encerrar en una profecía auto-cumplida (“nunca he sido buena para la escritura y nunca lo seré”, ergo, “no lo intento”). Creer en nosotr+s mismos es una condición sine qua non para poder hacer cosas que antes no podíamos hacer, es decir, para hacer algo difícil por primera vez. Y podemos, sin duda, entrenarnos mentalmente para cuestionar esas historias (hice un video sobre visualizaciones guiadas que sirve en este sentido).
Pero esta lupa girada hacia dentro, de “investigación interna”, no quita que tengamos que aprender ciertas habilidades que son la parte del know-how de nuestro trabajo. La confianza es el punto de partida, para un necesario aprendizaje de habilidades nuevas, muchas veces complejas, que son importantísimas para la investigación (y no sólo la académica).
El siguiente paso después de tomar consciencia de las historias que nos contamos es ser conscientes de cuáles son las habilidades necesarias para por ejemplo hacer una investigación, hacer una tesis de doctorado. Y a partir de ahí, hacer una estrategia para aprenderlas, o asociarnos con personas que nos puedan ayudar.
Trabajar en estos dos frentes a la vez (creencias limitantes y detección de las habilidades que todavía necesitamos) nos ayuda a orientarnos a la práctica y a permitirnos la posibilidad de aprender y seguir desarrollándonos como investigador+s o trabajador+s autónom+s, haciendo nuestro trabajo cada vez mejor, y disfrutando más, con cada vez más momentos de flow.
El muy difundido trabajo de Mihail Csikszentmihalyi, psicólogo, viene a cuento. Él descubrió, junto con un grupo de investigación, algunas de las condiciones que hacen que las personas experimentemos un estado de alineación con el trabajo, de concentración absoluta, olvidando lo que está a nuestro alrededor, incluso perdiendo la noción del tiempo. Lo llamó “experiencia óptima” o estado de flow. Para llegar a ese flow, son básicas dos cosas: el sentir que estamos aprendiendo algo nuevo para lo que tenemos las habilidades de base necesarias, y que esas cosas sean vitalmente significativas.
Como mostraré más abajo, el tipo de tarea concreta o hito concreto dentro de tu proyecto, y también su grado de dificultad, son esenciales para encontrar ese sweet spot: algo que no sea ni muy difícil ni muy fácil, con lo que puedas ir un poco más allá de lo que eres capaz actualmente y así evitar aburrirte, pero tampoco tan difícil que te bloquee. Cultivar este punto de balance te permite aumentar las asociaciones positivas que tienes con el trabajo, alimentando un ciclo positivo que te sostenga.
Si estás comprometid+ con tu propio proceso de aprendizaje, seguramente entiendes –o no te costará ver– que superar los retos que se te plantean escribiendo tu investigación y tu tesis, tu artículo científico o de divulgación, tu libro, proyecto artístico, o lo que tengas entre manos, va a requerir que aprendas cosas que no sabías cómo hacer. Y que estas cosas te van a servir y a acompañar más allá, una vez terminado ese producto en concreto. Es en este sentido también que el trabajo de auto-observación vale la pena.
Vienen a continuación dos herramientas que te ofrezco: responder unas preguntas por escrito, y diseñar objetivos de trabajo cumpliendo una serie de parámetros. Recuerda: no hay una fórmula para todo el mundo, y el truco es encontrar la tuya.
Una serie de preguntas
Las personas que trabajan conmigo saben lo fan que soy de plantear preguntas para disparar la reflexión, y cómo no, la concreción a través de la escritura.
Te propongo las siguientes preguntas, que puedes responder por escrito:
- Qué te sale más fácil? Piensa en cosas/tareas/partes de tu proyecto concretas.
- Qué te es más difícil?
- Qué haces cuando fluyes, te olvidas de ti mism+ y de lo que pasa a tu alrededor y te lo pasas bomba?
- Qué pasa cuando procrastinas, o no te concentras? Describe con la mayor precisión posible el qué hace en cambio/cómo/cuándo/dónde/con quién.
¿Cómo diseñar objetivos?
Los objetivos que te marques deben ser claros, súper concretos. Y esto es de “claro”, “concreto” es muy ambiguo y abstracto, sino lo experimentas contigo mism+. En mi experiencia, esto no sale a la primera, sino que es algo que se trabaja constantemente. También porque los objetivos o las prioridades pueden ir cambiando con el tiempo. Pero hay maneras de hacer el ejercicio y de practicarlo semana a semana.
Otro tema importante es el tema del nivel de dificultad de las tareas que llevan a esos objetivos. Si las tareas (esas cosas que te puedes ver haciendo, una acción) son muy fáciles, te aburres y pensarás que lo podrás hacer todo en el último minuto, facilitando que lo aplaces y dejes para último minuto. O tal vez arrancas, pero una vez acabas una primera tarea, puede pasar que pares en seco.
Pero si el objetivo es muy difícil, muy alejado de tus capacidades actuales, te paraliza. Una buena idea que puedes probar es que puedas ver tu clásica lista de tareas en cuanto al nivel de dificultad que suponen, porque arrancar con objetivos fáciles te ayuda a romper el hielo –por ejemplo, conectándolo con uno o dos pomodoros–, y tener esta progresión y el reto que suponen te ayuda a sostener la acción en el tiempo. Algo difícil es algo que nunca has hecho antes, o no con ese nivel de dificultad.
Piers Steel ha investigado estos dos efectos conectados como parte de su libro The Procrastination Equation.
Check-in semanal con estos objetivos y tareas
Aunque como a estas alturas sabrás ya, soy una gran defensora del trabajo en presencia de otras personas. Este ejercicio que va de objetivos a pomodoros lo ponemos en práctica de una manera muy particular en mis sesiones de Calla y Escribe y en mis asesorías individuales, y forma parte de las conexiones de trabajo online que facilito.
Las sesiones de Conecta y Escribe (trabajo individual, pero co-presencial con un grupo reducido) son un parón reflexivo donde nos permitimos unos minutos a la semana para retomar la perspectiva de en dónde estamos y para dónde vamos, entender lo que funcionó y lo que no, aprender de la experiencia del resto, y recibir mi apoyo para superar ciertos obstáculos. Así puedes adaptar la estrategia que seguirás semana a semana, apagando el piloto automático y confiando en tu proceso con más consciencia.
Para acabar, te comparto una checklist con las cosas que es recomendable saber hacer cuando nos lanzamos a hacer una investigación (con especial énfasis en investigaciones académicas).
Bibliografía
Csikszentmihalyi, M. (2008). Flow.The Psychology of Optimal Experience. Harper Perennial Modern Classics.
Steel, P. (2012). The procrastination equation. How to stop putting things off and start getting stuff done. Harper-Collins.