Foto por:  Trung-Thanh

En este momento estoy atascada… Tengo algunas ideas sobre qué escribir, pero luego, cuando necesito escribir cosas, me quedo muda… Empecé a ver el poder desde un ángulo diferente. Revisé el poder del consumidor y encontré las diferentes corrientes de literatura sobre el poder. Luego me encontré con el muro de Foucault: este fue el primer punto bajo que experimenté durante mi viaje doctoral hasta ahora; también era la primera vez que un muerto me volvía loca. He intentado leer algunos de sus artículos sobre el poder y su asociación con el conocimiento, que es lo que encontré aplicable en el caso de mi investigación. Pero rápidamente me rendí porque era como si escribiera en otro idioma. (…) Mi mundo se puso patas arriba, comencé a cuestionar todo. Según Foucault, necesitamos entender lo opuesto antes de poder entender lo inmediato. Digamos, para entender la cordura, primero necesitamos entender la locura, y para entender el poder, necesitamos entender la resistencia al poder. De manera similar, para comprender el conocimiento, que es algo que sabemos, primero necesitaremos definir lo que no sabemos. Pero, ¿cómo sabemos lo que no sabemos cuando no sabemos? En este momento estoy atascada… Tengo algunas ideas sobre qué escribir, pero luego, cuando necesito escribir cosas, me quedo muda… [Pei Yi Wang, de “Managing the PhD: an ethnographic journey”. Trad. propia]

¿Te suena familiar? Esta experiencia de estar bloqueado/a y llena de dudas es la más común durante el proceso de escritura a partir de investigación, y más si es la primera vez que te lanzas a lo que Pei Yi Wang llama su “viaje”, la primera vez que haces una investigación y de escritura. 

En este y en el siguiente post escribiré sobre cómo podemos crear una relación más positiva con la escritura, en este caso, y más específicamente, logrando que el momento mismo de escribir no sea una actividad (tan) solitaria, rompiendo con la idea de que el trabajo intelectual es solitario por definición, y que durante la práctica de escribir nos acompañe algo más que no sólo la auto-crítica.  

En este post hablaré de cómo puedes usar el diálogo interno a tu favor, y en la siguiente entrada hablaré de cómo puedes imaginar conversaciones con lxs autorxs relevantes a tu investigación. 

Claro que al final de cuentas serás tú tecleando o garabateando tu documento, incluso en el caso de estar en una colaboración. Pero esto no implica que el proceso deba ser siempre solitario. 

En estas líneas quiero compartirte el planteamiento de que la idea de escritura como diálogo contribuye a que puedas crear una relación más positiva y fluida con la escritura, con la aspiración de que puedas explorar tus ideas, lo que realmente quieres decir, y usar la escritura como una manera de “decir la verdad”, usando las palabras de Annie Lamott (1994).    

La crítica interna como barrera a escribir nuestras ideas

Ese monólogo interno que evalúa. Es común que cuando intentamos escribir nos pongamos en una situación imaginaria de evaluación en la que tenemos que demostrar que somos inteligentes, que tenemos algo interesante que aportar, y que nos merecemos el trabajo que estamos haciendo. 

La manera en la que se vive este momento puede variar mucho. Pero a muchas personas nos puede suponer una incomodidad, o de forma más intensa, puede suponerse aprehensión, ansiedad, e incluso pánico. Algo así como nosotras/os solas/os, en una posición vulnerable a la crítica, defendiéndose incluso imaginariamente y antes de la evaluación real, de un jurado que critica y busca fallos. Y si lo estás pensando, sí, tiene todo que ver con el llamado “síndrome” del/la impostor/a, del que hablaré muy seguramente en una futura entrada de blog con más detalle. 

Y la verdad, que vivamos la escritura como un acto de defensa de nuestras capacidades es muy comprensible. Porque… ¿Cómo se llama ese ritual con el que damos cierre al proceso doctoral? Exacto. El mensaje es que vamos a defendernos, no a compartir, ni a dialogar.

Y esta situación es aún más incómoda para las personas que se sienten cuestionadas en su medio laboral, como es el caso de las mujeres o grupos sociales que han tenido que ganarse a pulso espacios de participación en la universidad, como los grupos racializados.

Foto por: Ingey Injury Law Firm

Si lo vemos así, que escribimos con la voz auto-crítica encendida, voz que refleja algunas condiciones externas, podemos ver que es prácticamente imposible que nos fluya y podamos disfrutar. 

A menos que nos cuestionemos algunas cosas, claro.

¿Por qué un diálogo interno y no con otras personas?

En nuestro proceso de pasar de ser consumidoras a productoras de ideas, hay un momento en el que estamos todavía madurándolas, dándoles forma, creando sus contornos, como quien esculpe piezas que luego se ensamblarán. En estos momentos, estas ideas son todavía frágiles, el proceso creativo es frágil, y no estamos necesariamente listas/os para abrir el contenido de nuestros manuscritos a cualquiera. 

Se las podemos contar a un puñado de personas íntimas, incluyendo tus tutoras/es y mentoras/es si tienes este tipo de relación. Lo ideal sería que pudieras compartir estas conversaciones o su resultado con la(s) persona(s) que te tutorizan y guían en este viaje, en forma de work in progress y no como resultado acabado. Es una de las partes que más me gusta de mi trabajo, aún con investigadoras/es que se dedican a áreas del conocimiento diferentes a las mías. 

El diálogo interno para abrirte posibilidades de actuar frente a las dificultades

Con trabajo “personal-no solitario” me refiero a que aunque estés trabajando tú en tus propias ideas, ojalá con el acompañamiento de un/a tutor/a o un/a mentor/a, puedes ayudarte a salir de los atascos de la escritura y disfrutar más del proceso entablando conversaciones usando tu imaginación. 

… con nuestra audiencia imaginada

Es muy probable que en esta fase inicial estés descubriendo la crueldad infinita que puede tener nuestra auto-crítica, eso que nos decimos mientras intentamos escribir. 

Hay expertas en esto de las voces mentales autocríticas que dicen que nunca van a desaparecer del todo, y yo estoy de acuerdo (si te interesa el tema, echa un vistazo al trabajo de Dick Schwartz, y como punto de partida la mini-entrevista que mi admirada Esther Perel le hizo, mira las referencias del final). Pero también dicen que podemos hacer que esta auto-crítica trabaje a nuestro favor, transformando la pelea interna en un ejercicio de curiosidad. 

Aplicando esto al caso del proceso creativo de la escritura, propongo que creemos un diálogo con una audiencia imaginada, que tenga como características necesarias que sea buena onda, que cuando le compartimos nuestras ideas las suele recibir con apertura, que sea capaz de entenderte y que cuando no te entiende, te pregunta en vez de asumir que lo que dices no tiene sentido, y que sepa lo que es hacer investigación. 

Conversar con una audiencia imaginaria puede hacer que seamos capaces de escribir lo que tenemos en la cabeza y que más ideas pasen la prueba de considerarlas como lo suficientemente interesantes como para figurar en nuestros borradores. Te animo a probarlo.

Pincha en el video de abajo donde encontrarás los ejercicios específicos que puedes hacer: 

Trabajos citados

Lamott, A. (1994). Bird by Bird. Some Instructions on Writing and Life. Anchor Books.

Kamler, B., & Thomson, P. (2014). Helping Doctoral Students to write. Routledge. 

Schwartz, Dick & Perel, Esther. “Understanding our inner critic”. Video disponible en: https://www.youtube.com/watch?v=NUKMNgJB_kw

Wang, Pei Yi. “Managing a PhD: An ethnographic Journey”. Living the PhD Journey M@n@gement 2020/1 (Vol. 23), pp. 102-141. [accesible en: https://www.cairn.info/revue-management-2020-1-page-102.htm]