
Enero, abril, o septiembre suelen ser meses de reconexión con el trabajo en el caso del calendario español. Rompemos con la rutina. Y suele pasar que cuando volvemos al trabajo a duras penas nos acordamos de cómo nos llamamos. Ni qué decir de los proyectos que dejamos abiertos antes de retirarnos: es común que se hayan transformado en un recuerdo borroso.
Como decidí escribir sobre los últimos talleres que di en Madrid en la anterior entrada, pensé por un momento que este post podría haber quedado desfasado. Nos desconectamos en diciembre-enero, pero ya estamos a febrero, ¿no? Recordé muy rápido que cuando trabajamos por nuestra cuenta nos podemos desconectar de lo que estábamos haciendo rutinariamente en cualquier época del año. No en vano nuestros ritmos de trabajo los marcamos nosotras/os. A veces el fin de semana puede significar una desconexión total con lo que estábamos haciendo la semana anterior.
Personas que trabajan por su cuenta, investigando, escribiendo, creando, supongo que entienden a qué me refiero. Somos las únicas personas responsables de que nuestras ideas se transformen en algo más tangible, más concreto. Que vean la luz. Tener la libertad de crear proyectos propios es una maravilla, el reto está en su ejecución, y en el compromiso para acabar lo que comenzamos.
Desconectar
Es probable que hayas tenido épocas en las que una pequeña pausa en la rutina cotidiana fue suficiente para tener una pérdida de memoria parcial o total de lo que estabas haciendo antes. Para mí es bien curiosa e interesante esta capacidad que tenemos de desconectarnos del todo de lo que estábamos haciendo, incluso a veces de un día para el otro. Hasta cierto punto, es una maravilla tener esa capacidad de hacer “blackout” porque nos da la posibilidad de descansar mental y corporalmente. Pero también puede hacer que el regreso al trabajo sea todo un reto.
En otro nivel mucho más cotidiano, es fácil perder el hilo porque cuando manejamos varios proyectos a la vez, sin darnos cuenta y como en piloto automático, vamos dejando que nuestro día a día dependa de lo urgente (olvidando lo importante, que muy probablemente sea lo que a la larga nos permita conseguir los resultados que estamos buscando, y lo que nos haga más felices). El mail puede controlar nuestro calendario –¡horror!–.
La reconexión en este sentido es un esfuerzo diario también.
Reconectar
Si desconectarse es olvidarse de lo que estábamos haciendo para poder descansar y renovar las energías, también puede tener el efecto de que olvidemos la razón de estar haciendo esa “cosa” (el proyecto que debas escribir), entonces reconectar quiere decir hacer que el proyecto en sí vuelva a tener sentido para ti. ¿Sigue siendo importante para mi ese proyecto? ¿Se conecta de forma clara con mi proyecto de vida? ¿Qué pasaría si no lo hago?
Y si desconectarse quiere decir olvidar lo que estábamos haciendo (en términos de tareas/acciones), entonces reconectar pasa por un proceso de recordar y comprobar que también siguen siendo relevantes estas tareas, o resituarse en un punto concreto (un hito, por ejemplo) con respecto al proyecto en su globalidad. ¿Son estas las cosas que debo hacer? ¿Tienen sentido todavía, o necesitan reajustarse a una nueva situación?
Reconectarse no es simplemente volver a la lista de tareas que hicimos hace un mes e ir tachando cosas. Puede que sea suficiente si tienes un proyecto muy sencillo, y una idea clara de cuál es tu objetivo vital y profesional actual, por ejemplo “Proyecto libro > Editar la conclusión de mi libro”. Pero este no suele ser el caso, porque aunque tengas claro hacia dónde quieres ir, los objetivos vitales suelen involucrar un nivel mayor de complejidad y de objetivos intermedios.
Crear un momento para pensar en lo que estamos haciendo es importante, pero si nos sentamos a pensar y planificar, para ver únicamente la montaña de cosas que hay por hacer, y a veces sumándole el cargo de consciencia por no estar en el punto dónde habías imaginado estarías, esto puede paralizarte, más que ayudarte. Es lo más común del mundo.

En proyectos escritos con una cierta complejidad, no recomiendo reconectarse comenzando a editar desde donde lo dejaste, porque lo que puede pasar, y de hecho es súper común, es que termines abriendo ese documento al que le tenías aprehensión, y arrancar a editar “desde el principio”. ¿Qué pasa en estos casos? Acabamos teniendo una introducción o primera parte pulidísima, sobre-trabajada, y el resto queda en el olvido, en una fase de borrador muy preliminar.
¿Y qué si la idea ha cambiado, o ha madurado, simplificándose? ¿O qué tal que la parte en la que realmente puedes avanzar ahora esté en el medio del manuscrito y no al inicio, solo que no te acordabas?
Cómo recuperar el hilo
Reconectarse está relacionado, entonces, con:
1) Crear un momento en la agenda para sentarte a reflexionar sobre el sentido de tu proyecto. Este momento no “existe”, porque nunca nos sobra el tiempo. Por eso hablo de crearlo a partir de lo que priorices vitalmente. Puedes aprovechar para revisar documentos, o para escribir sobre por qué estás dedicando tus energías a un proyecto en concreto. También puedes hacer dibujos, esquemas, mapas (una especie de “lluvia de ideas”, pero con un objetivo más concreto en mente). Lo que te sirva para aterrizar lo que tienes en la cabeza.
2) Empezar por el por qué de lo que quieras conseguir (que es el “objetivo”). El por qué de un objetivo es una pregunta clave, ya que lo que era importante para ti hace 6 meses, o antes del verano, no tiene por qué serlo hoy.
3) Aclarar los objetivos e hitos que quieres cumplir, y ponerles fecha. ¿Qué son hitos? Son objetivos intermedios que cuando los cumples y los vas sumando, llegas a tu objetivo. Es una referencia de progreso, y se refieren a “cosas acabadas”. Si estás escribiendo un libro que quieres publicar, un hito puede ser “Índice provisional cerrado”, o “Analizar materiales y encontrar el hilo narrativo para contar los resultados”, por ejemplo.
4) Aclarar las tareas concretas siguientes. No recomiendo aclarar tareas para más allá de la escala de un mes. Hay buenos motivos para esto: la claridad y la concreción son buenas para evitar la procrastinación, pero al mismo tiempo te da un margen de tiempo relativamente flexible.
5) Abrir franjas de tiempo temáticas en tu calendario ideal. El calendario ideal te da una idea de cómo te gustaría que fuera tu semana, te ayuda a organizarte, a decir que no a compromisos con otras personas que te desvíen del objetivo de bloquear tiempos para avanzar en ciertas cosas importantes. Por ejemplo: una franja en la mañana del lunes para planificar, una franja el martes antes de la comida/almuerzo para “Investigar”. Y así. Luego, verás que puedes cada vez con más naturalidad conectar tareas/la franja para hacerlas + nivel pro: que esa franja de tiempo corresponda con tus niveles de energía (lo difícil para tu mejor energía del día/lo más “fácil” o irreflexivo para cuando estén de bajada del día).
Estos pasos dan un punto de partido y un camino para encontrar tu sistema de trabajo. Espero que a ti también te ayude. Y como digo siempre, esto es un experimento, y no tiene que salir perfecto a la primera. De hecho, esto es, como todo, una práctica, y es interesante permitirse la imperfección, y el ajuste cuando sea necesario. Yo sigo aprendiendo.
No lo hagas solo/a (si no te sienta bien)
El otro secreto es hacer este ejercicio de reconexión con otras personas. Sabemos que el trabajo independiente o de investigación es muchas veces solitario, y que hacer las cosas con otras personas ayuda a centrarnos. Tener compañeros/a para cumplir con compromisos, es un gran recurso. Es bien curioso, pero nuestros compromisos pueden ser más firmes cuando hay más ojos puestos en su cumplimiento.
El hacer las cosas con otros/as, creando el tiempo, y en un espacio concreto apartado del flujo a veces irreflexivo del día a día son algunas de las razones por los que los grupos de escritura Calla y Escribe (presenciales u online) funcionan tan bien.
Te permiten no perder el hilo o desconectarte del todo de esa “cosa” que comenzaste y que definitivamente quieres acabar, te ayuda a crear el hábito de reflexionar sobre para dónde estás yendo y por qué, e ir con acompañamiento y método hacia objetivos que no te imaginabas poder cumplir.
¡Ponte en contacto para saber más!
Y suscríbete a mi newsletter para recibir avisos de que he subido nuevos contenidos en este blog, y otras novedades y oportunidades.