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Esta entrada es sobre algo muy simple que puedes hacer cada día, en la mañana o en la noche. Se trata de escribir en tu agenda, o en el sistema que utilices para organizarte (yo utilizo el Bullet Journal, adaptado a mis proyectos y vida personal), lo que hiciste en el día, incluyendo todo lo que te llevó más de 15 minutos hacer

Este gesto de escribir lo que hiciste en el día no te va a llevar más de 5 minutos –incluso 3 minutos con la práctica–, y después de unos días de hacerlo, se irá convirtiendo en una rutina en la que ni siquiera pensarás sino que harás de manera más o menos automática, como lavarte los dientes. Muy probablemente, después de un periodo de tiempo, no necesitarás ni siquiera apuntarlo todo-todo, porque serás más consciente de todo lo que haces. No pasa nada si te saltas algún día, o incluso varios días, si cuando puedas o lo recuerdes vuelves a “enrutarte”.

Hazlo como un ritual de cierre del día, antes de ir a dormir, o cuando te levantes como ejercicio de memoria del día anterior (aunque te perderás la viveza del registro que se hace en el mismo día en que pasan las cosas). Hazlo como te funcione mejor. Puedes ir explorando cuándo es eso en tu caso. 

Escribir prácticamente *todo* lo que hiciste en el día sirve para al menos 6 cosas, ¡es la bomba!

Foto por Katya Austin en Unsplash

Primero, para darle valor a tareas que actualmente encuentres insignificantes como “encontrar los artículos que debo leer para definir el concepto X”, o incluso “lavar ropa”. De hecho, es una buena manera de dar valor a lo que en ciencias sociales llamamos el “trabajo reproductivo”, esas tareas “domésticas” (pero que pueden realizarse fuera de casa también, como pasear el perro) que normalmente no cuentan como trabajo pero que sin ninguna duda lo son. Son un trabajo que contribuye a “reproducir” o sostener la vida y el lugar donde ella transcurre.  

Segundo, apuntar todo lo que haces que dure más de 15 minutos tendrá como consecuencia que vayas cambiando ese diálogo interno según el cual eres un desastre, y no hiciste “nada”. ¿Qué es ese “nada”? Nada son tal vez 3 cosas, 5 cosas, 10 cosas. Una vez sepas qué estás haciendo, puedes arrancar el ejercicio de intentar hacer un poquitín más el día de después. O simplemente podrás registrar qué días son particularmente productivos y cuáles no lo son, y empezar a explorar por qué con esta nueva información. 

Tercero, si esas tareas que apuntas son algo que había que hacer pero que no consideraste en tu plan inicial, pues ahora sabes que hay que incluirlo la próxima vez que hagas algo parecido. Estas cosas serán pasos intermedios para llegar a tu objetivo. Por ejemplo, al enviar un artículo a publicación está la tarea “subir el artículo a la plataforma”, o “subir el post al blog”. Estas son cosas que consumen un montón de tiempo, pero que solemos considerar como “nada”, o no considerarlas sino hasta que nos toca hacerlas. 

Cuarto, este registro te va a ayudar a redimensionar el tamaño de tus ambiciones. ¿Cómo saber si los objetivos que te planteas son proporcionales al tiempo del que dispones y a tus capacidades actuales? Tendrás toda la información que necesitas para saber lo que eres capaz de hacer en por ejemplo una jornada de trabajo “normal” y una “productiva”, y tener una sensación más ajustada de tus capacidades actuales y en cuánto tiempo puedes tener algo listo. 

En quinto lugar, esta es una forma de registro de tu progreso. Si te interesa conocer una forma de ahondar en el registro de tu progreso sobre todo cuando quieras adquirir la habilidad de leer (investigar) y escribir como un hábito para tu vida más allá de lo que tengas entre manos actualmente, te invito a leer esto. Verás como en el mes 1 eras capaz de hacer X cosas, y cómo más adelante eres capaz de hacer más que eso. 

En sexto lugar, te ayudará a ir encontrando el equilibrio entre tu vida personal, laboral, social, y claro, familiar si la consideras como una dimensión de tu vida aparte de la social y la personal (gracias Eunice por apuntarlo). Te ayudará, en suma, a poner límites. Esto es especialmente importante para las personas que se dedican a profesiones “creativas”, en donde lo personal y lo laboral tienden a fundirse en una misma cosa, o para personas que están escribiendo la tesis o un libro y lo están dando todo literalmente, al punto que llevan 5 meses sin salir a tomar un café con algun/a amigo/a a hablar y oír de otras cosas. No lo den todo, quédense con algo 🙂

Fecha / tareas hechas en el día / opcional el tiempo que les llevó

Hago un inciso aquí sobre el tema de terminar específicamente la jornada de trabajo (no el día). Ojalá que el cierre del día laboral ocurriera en un momento en el que puedas realmente desconectar antes de ir a dormir, idealmente en la tarde/noche, o antes de cenar. Esto de acabar el día laboral a una hora fija sin importar si sientes que hiciste mucho, poco, o nada, es una de las prácticas que se recomienda siempre –y recomiendo también yo– como auto-cuidado a todos los niveles, mental, físico, emocional. Si te cuesta hacerlo, como me solía costar a mi cuando trabajaba exclusivamente en la universidad, te recomiendo este truco que usa el gurú de la efectividad, Cal Newport, y es pronunciar una frase de cierre que mentalmente te permita dejar atrás todo. La suya es graciosa, me suena robótica (“schedule shutdown, complete”). Prueba haciendo la tuya.

Este sistema de registro se inspira en el Bullet Journal, un sistema en papel que me ha hecho la vida más feliz –y no exagero–. Pronto haré un taller sobre este sistema de auto-organización adaptado al caso concreto de personas que trabajan por proyectos: investigadoras, escritoras, artistas, autónomas en general. Si estás interesado/a en apuntarte al próximo que haré, escríbeme a nadia@mindacademia.net. Será en el Impact Hub Alameda de Madrid, antes de la pausa navideña.  

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